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Ante un nuevo curso

Nuevo curso, nuevas ilusiones. Los niños y niñas, los adolescentes, renuevan sus ilusiones en el comienzo de curso. La familia también. Siempre que comienza un nuevo curso todos a una miramos el futuro inmediato con ilusión y confianza en que este curso sea venturoso para todos.

Nuestros hijos esperan mucho del curso que empieza, los padres esperamos mucho de nuestros hijos; también el Colegio espera muchos de sus alumnos y de los padres. A su vez también los padres esperamos que el Colegio responda a todas nuestras expectativas. Es este un buen momento para revisar cuál es el papel que jugamos o que podemos jugar los padres ante el comienzo de un nuevo curso.

Según las estadísticas, la institución que más valoran los jóvenes es la familia y no lo es menos en el nivel educativo y académico. Es decir, nuestros hijos esperan mucho de nosotros, aunque por edad  no lo manifiesten (los muy pequeños porque no lo saben expresar y los mayores adolescentes porque su condición de tales no se lo permite). ¿Qué esperan?. En la mayoría de los casos pequeñas cosas que, en ocasiones, son difíciles de cumplir. Por ejemplo, esperan que estemos con ellos. Que estemos en casa. Quieren saber que si necesitan algo estamos ahí para echarles una mano y no sólo para solucionar las dificultades con las tareas sino para sentirse "protegidos" y acompañados. En muchos casos y en muchas familias, ocurre todo lo contrario, organizamos las tardes y organizamos la vida de nuestros hijos para que estén tan ocupados que no puedan echarnos en falta: sin tiempo de estar juntos. "Puriempleamos" a nuestros hijos para que sean los niños "mejor formados del mundo" y nos olvidamos de la persona y de "roce que hace el cariño", llegando a "compensar" con no sé cuántas cosas, concesiones, horas de televisión y videojuego. Ellos, aunque a veces parezca lo contrario, quieren que estemos con ellos, a pocos metros de distancia. Quieren que estemos los dos, no sólo la madre a quien en muchos casos le toca jugar el rol difícil de ser un "asesor" escolar.

Paralelamente los padres esperamos del Colegio que nos solucionen todos los "problemas" que tienen nuestros hijos, tanto de índole personal como académico. Llegamos a reivindicar todo tipo de servicios (a veces esperamos que sean hasta terapeutas familiares), olvidándonos que los primeros responsables de su educación somos los padres. Comienza un nuevo curso y también es bueno replantearse la relación familia-colegio. ¿Cómo? Confiando en el centro escolar, en sus profesionales, apoyando sus decisiones delante de nuestros hijos, aunque si la medida nos parece equivocada planteemos la situación en el lugar y momento adecuados; valorando su trabajo y vocación; colaborando en aquellas tareas en las que podamos, más allá de las puramente académicas; participando en las instituciones como asociaciones de padres; participando en las actividades que específicamente se ofrezcan para las familias (reuniones de padres, escuelas de padres, retiros para familias, charlas de prevención, ..); entrevistándose con los profesores de nuestros hijos a tiempo, no sólo cuándo "salta la alarma"; siendo honestos y respetuosos con los comentarios de patio, entradas y otros lugares hacia la Institución y sus Educadores. En definitiva estando "junto" al Colegio y no "frente" a él en un estado de permanente sospecha o reivindicación.

Para terminar quisiera plantear alguna –sólo alguna- cuestión práctica que puede ser útil y que es fruto de muchos años de experiencia docente y de padre de hijos que ya han pasado por toda la escolaridad preuniversitaria. Sólo dos cosas que son capitales y que es muy importante que queden clarificadas desde muy pequeños: el concepto de tarea escolar o "deberes" y la organización del estudio.

Aclarar qué son los "deberes" es importante porque los niños, los preadolescentes,... deben comprender que las tareas escolares son algo más que las actividades que el profesor indica para el día siguiente y que según ellos o "no tengo nada que hacer" o "ya he acabado": es el estudio cuando no hay un examen, es el trabajo a medio y largo plazo, es el tiempo de lectura, es el tiempo de descanso bien entendido. Para que todo esto sea posible, desde pequeños, ya en los primeros años de su escolaridad,  tenemos que ayudar a nuestros hijos a organizar su tiempo para ir soltando poco a poco hasta lograr su propia autonomía y madurez absolutamente necesarias para el devenir de su juventud. En esa organización debemos incluir que en la etapa escolar no sólo hay estudios y formación académica, sino que también hay tiempo de familia, de amigos, de ocio, de aprender y educar en valores para llegar a ser persona. En muchos casos, nuestros hijos llegarán a ser la persona que nosotros ayudemos a ser. Una tarea muy difícil para la que no hay fórmulas mágicas ni "recetas" que nos digan cómo se hace. Eso sí, hay que estar con ellos.

Publicado por Enrique Martín, director pedagógico, pedagogo, 2 hijos mayor el 15 de Octubre, 2006, 12:57 | Referencias (7)

 

 

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