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Como cuesta volver a la realidad...

 … los horarios, las prisas, el trabajo, el colegio de los niños… ¡Con lo bien que estábamos de vacaciones!

El merecido descanso para todos es también un periodo intenso para la pareja. Es un tiempo que sirve para afianzar relaciones… y para romperlas en otros casos. Después de unos 11 meses viéndonos las caras en las pocas horas que nos permite la vida laboral, llegan las vacaciones y ahora estamos juntos las 24 horas del día. Por supuesto, para nosotros es una bendición. Tenemos tiempo para hacer más cosas juntos, para estar con las niñas sin prisas, relajarnos, o intentarlo al menos. Intentamos disfrutar de nuestra familia de otra manera, ir a la piscina o a la playa, ir más al parque, vernos con nuestras familias durante más tiempo, ya que durante el año no tenemos esa posibilidad, o incluso atrevernos a pintar en familia, brochas para cuatro y a pintar paredes (Un consejo: Las segundas manos hacedlas en ausencia de los niños, por aquello de igualar colores y trazos). 

Por otro lado conocemos casos en los que las vacaciones sirven para que la pareja se separe y, mientras él se va de Safari con un amiguete, ella se va a un Spa con su hermana. Idílico ¿no? Creemos que estos deben ser los "otros casos", aunque una tarde libre de vez en cuando, a algunos nos pueda venir muy bien y agradecerlo. No obstante la parte masculina de este artículo quiere romper una lanza por la incomprendida figura del amiguete, que tanta importancia ha tenido en el desarrollo psicoafectivo de nuestra personalidad, a pesar de la incomprensión del lado femenino en general, que por supuesto, faltaría más, no es mi caso. 

La pareja necesita de estos periodos de disfrute, de esa semanita fuera de casa, ya sea con la familia, con amigos o solos, pero días para relajarse, para conocerse todavía más, para hablar de cosas que no sean los colegios, el trabajo o las noticias, días para no tener prisas, para jugar, para compartir aficiones, para descansar juntos. Y qué mejor momento que éste, un parón en esa rutina de la que tanto nos quejamos, que tanto señalamos como culpable de impedirnos disfrutar de nuestra pareja. A pesar de que sigamos con algunas responsabilidades que nunca toman vacaciones, especialmente los que tenemos hijos, podemos intentar reencontrarnos. Buscar espacios relajados para comunicarnos, para mirarnos, para mimarnos y reenamorarnos. Nos llevamos en el corazón por muchos motivos, pero a veces es necesario que hagamos por resonar en el corazón del otro e intentemos dar un campanazo. Y qué mejor momento para resonar que cuando se está algo más tranquilo.

Y aunque mucho más difícil, y ahora ya metidos en faena… intentemos también tocar la campana durante el resto del año. Busquemos pequeños momentos, hagamos pequeñas escapadas, cenas, un paseo por la tarde, una comida, aunque todos sepamos que a veces se queda en campanilla… Pero campanilla también era un hada en un mundo de sueños que alimentaba nuestra ilusión, y de eso se trata de que la ilusión permanezca y aumente.

Publicado por Juan Carlos Jorge, Psicólogo, y Meritxell Díaz. 2 hijos. el 15 de Octubre, 2006, 12:59 | Referencias (0)

 

 

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