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Fortalecer a la familia, una necesidad

La vida familiar, como sucede en el resto de la sociedad, se encuentra inmersa en un profundo proceso de cambio que afecta a todas sus dimensiones.

Hemos pasado de la tradicional familia extensa formada por abuelos, padres, hijos, tíos y primos, a la familia nuclear, que está compuesta sólo por la pareja y sus hijos. Donde además el hombre ha dejado de ser el único miembro que aporta ingresos a la unidad familiar.

Se producen nuevas formas de familia: las familias monoparentales, familias  reconstruidas, familias adoptivas, familias formadas por personas del mismos sexo, familias dirigidas por abuelos, o donde los abuelos llevan el peso de la educación de sus nietos porque el padre y la madre trabajan, etc. Por otro lado el papel tradicional de la familia como transmisor de valores ha sido sustituido en parte por la Televisión y los  medios de comunicación en general.

Este proceso de cambio ha producido un desconcierto en el seno de la familia   que ve modificada sus funciones y roles. En muchas ocasiones los padres están confundidos respecto a lo que se espera de ellos. La educación que han recibido no les ha preparado para educar a unos adolescentes cada vez más precoces y expuestos a riesgos que no conocen bien. Encontrándose  a menudo sin recursos, confundidos y acusando  un déficit de formación y de apoyo para llevar a cabo con éxito su labor educativa.

Pero estas dificultades no significan que la familia esté en crisis y tienda a desaparecer, sino que por el contrario, la  institución familiar conserva la solidez necesaria para adecuarse a la nueva situación y seguir manteniendo su estatus como célula social básica.

El papel de la familia en la educación y en la transmisión de valores a los hijos, sigue siendo determinante en el desarrollo y crecimiento de éstos como seres autónomos y responsables. Los padres transmiten con su comportamiento un estilo de vida, creencias y actitudes que influyen decisivamente en sus hijos a la hora de conformar su propia visión del mundo. A través del aprendizaje y de la observación de las conductas de los adultos, los niños y jóvenes se  capacitan para vivir en  sociedad y para afrontar  con éxito determinados conflictos que se les plantearán a lo largo de su desarrollo. La familia es el primer grupo social en el que se convive y a partir del cual  crecemos y maduramos. Este marco de convivencia y aprendizaje va a resultar fundamental a la hora  de afrontar los problemas personales y grupales.

La familia es la que educa, es el principal eje para mejorar la sociedad. Es el único ámbito en donde valemos por lo que somos y no por lo que tenemos.

El niño es fruto de una familia, tenemos que fortalecer ese árbol para que sus frutos sean óptimos y estén mejor formados.

Es necesario fortalecer a la familia ya que es la mejor escuela de humanidad que existe.

Como representante de padres y madres, en los diferentes foros educativos, y compartiendo el mismo sentir de mis compañeros de la Federación, no queremos quedarnos de brazos cruzados, esperando a que La Administración se decida a dar este paso. Pretendemos sensibilizar a los diferentes Organismos e Instituciones, a que potencien que haya buenos ciudadanos, poniendo todos los medios necesarios y materializando la conciliación de la vida laboral y familiar.

Nosotros vamos a invitar a la familia a tener gusto por la vida, no sólo a que existan, despertar sus potencialidades, despertarles a la vida, al sacrificio, al entusiasmo. A la Esperanza. Abrir la puerta a la educación emocional.

Como decía Marañon: Vivir no es sólo existir, sino existir y crear, saber gozar y sufrir y no dormir sin soñar. Descansar, es empezar a morir.

Nadie viene con la lección aprendida, ni los niños traen manual de instrucciones cuando nacen. Se necesita acompañamiento, formación, asesoramiento, en el proceso educativo de los hijos. Debemos borrar de nuestro mapa mental "es que no tengo tiempo". Si las familias están formadas e informadas tanto mejor,  la  herencia fundamental que le dejaremos a nuestros hijos, es la educación.

Volver a la lógica, a la moral, a las buenas costumbres. Se habla todo el día de que faltan valores en la educación, sobran valores, lo que faltan son virtudes. Valores es lo que se reclama y virtudes lo que se encarna, la solidaridad es el valor y ser solidarios la virtud.

Hay que ir adelante con sentido común, amor al prójimo y solidaridad, dándonos cuenta que no hay avance individual, tenemos que avanzar todos juntos.

Como ya hiciéramos el pasado año, este también trabajaremos desde un lema. Si el pasado fue "Educar desde el amor" este queremos contribuir  a "Educar, un proyecto de vida". Con nuestras limitaciones, trabajaremos para fortalecer a la familia y les animo a que participen en este proyecto.

Queremos recuperar el respeto al padre y a la madre, a los abuelos, porque si no, vamos mal, si no respetamos en casa difícilmente lo haremos afuera. Es el ejemplo que tenemos que dar a nuestros hijos, en nuestras casas, para que el día de mañana los hijos tengan esta figura como un faro.

Cada uno ayuda a la sociedad desde su pequeño puesto. No existen papeles pequeños, existen actores mediocres. Si cada uno de nosotros hace su papel bien (por pequeño que sea),  amando lo que hace, entregando el corazón en lo que hace, la sociedad mejorará.

Debemos hacer entre todos, un gran esfuerzo para hacer una movilización educativa de la sociedad civil. Recuperar la urdimbre pedagógica de la sociedad. "Para educar un niño hace falta la tribu entera" (José Antonio Marina)

Publicado por Juana Teresa Gil,casada, 2 hijos, presidenta de FEPEL el 15 de Octubre, 2006, 12:39 | Referencias (0)

 

 

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