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Es necesario aprender a resolver con éxito y conjuntamente las crisis que se nos presenten.

Nadie está exento de crisis. Las crisis conyugales, en principio no son ni buenas ni malas, simplemente son y se dan.

Para poder resolver las crisis, lo primero que hay que hacer, es identificarlas. Normalmente el origen de la crisis está en una serie de pequeños conflictos que se han ido acumulando sin resolverlos. Identificadas las causas, es necesario no aparcarlas sino dialogar sobre las mismas con la firme intención de resolver la crisis originada. Hay que enfrentarse a las crisis con voluntad firme y decidida.

No hay que tener miedo a las crisis, pero tampoco desearlas. Las crisis pueden resolverse. De una crisis bien resuelta, lo normal será que la pareja salga fortalecida. La superación de la crisis hace que ganemos los dos, por ello hemos de tener claro que “ceder” ante una crisis, no es perder, que” perdonar”, no es humillarse. Es necesario perdonar y perdonar cuanto antes. Perdonar y olvidar, dado que si no existe el olvido, la crisis retornará de nuevo y se volverá a reactivar ya de manera más grave.

Detrás de una crisis, existe normalmente falta de comunicación en la pareja. No quiero terminar, sin expresar que antes una crisis, que no pueda ser resuelta por los propios cónyuges, será necesario acudir al “especialista”, nunca a familiares y amigos, pues estos normalmente aparte de no tener el conocimiento necesario en la materia no son imparciales y se inclinarán hacía una de las partes dándole la razón, con lo cual, perjudicaran a las dos. No habrá aquí lugar para afirmar “ganarán los dos” sino que tendremos que decir: “perderán los dos”

Publicado por Mª Carmen Fernández, conciliadora y mediadora familiar, 5 hi el 15 de Diciembre, 2006, 21:33 | Referencias (0)

 

 

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