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Bautismo y Esperanza (IV)

El símbolo principal del Bautismo es el agua. Se bautiza con agua. Esto sigue y completa la simbología del mundo antiguo que se nos relata en el Antiguo Testamento.

El agua siempre fue símbolo de muerte a lo viejo y malo, y nacimiento a lo nuevo y bueno. Así Dios castiga la maldad del hombre con un Diluvio Universal tras el cual nace una "nueva creación"; y el propio Jonás está "sepultado" en el vientre de un pez durante tres días tras caer al agua desde un barco que zozobraba. También el pueblo de Israel se ve realmente liberado de su esclavitud cuando atraviesa el Mar Rojo delante del ejército del faraón; y cuando llega a la Tierra Prometida cruza el Jordán. Hay muchos otros ejemplos de que el agua es el símbolo de la purificación.

Así el agua del Bautismo también nos purifica y su simbología  tiene su origen en esta Historia de Salvación.

Sin embargo, el auténtico origen del agua bautismal está en el costado del mismo Jesucristo. Estando clavado en la cruz y ya muerto, el Señor permitió que un soldado romano le atravesara el corazón. Del costado brotó sangre y agua que son los sacramentos de la Eucaristía (la sangre) y del Bautismo (el agua), dejando abierto su Sagrado Corazón. Del cuerpo ya exánime del mismo Cristo se derramaron las vías de salvación y los dos líquidos que sólo podían obtenerse con su Santo Sacrificio en la cruz. Estaban dotados de la energía espiritual que sale del Cuerpo del Señor, como también salió una fuerza de su Cuerpo el día que la hemorroísa tocó el borde de su manto para quedar curada. Jesús notó que una fuerza salía de su cuerpo y por ella se obró el milagro.

Igualmente, la fuerza espiritual que reside en los sacramentos viene del propio Cuerpo del Señor; y su cuerpo místico es la Iglesia. Por eso es ella la encargada de administrar sus sacramentos. De la presencia del Espíritu Santo en la Iglesia sale esa fuerza espiritual y por tanto los dones y gracias que se nos dan en los sacramentos.  Pero como hemos visto antes, Dios mismo distingue a los sacramentos del Bautismo y la Eucaristía de una manera especial. Salen del centro mismo de su Corazón que se desgarra al ofrecernoslos.

Y si el corazón es el centro de los sentimientos, es donde se condensa y de donde brota la afectividad, y es lo más íntimo de una persona, ¿qué puede haber en el Sagrado Corazón del Señor, un corazón que se abre a todos dando lo más íntimo de sí? Pues sangre y agua. El agua de nuestro Bautismo mana del centro de este Corazón amante, y en este sacramento se nos da el mismo Corazón de Dios, que es fuente de agua viva y también la Fuente de nuestra Esperanza: el Amor de Dios que se ofrece a todos los hombres para su salvación.

¡Señor, llévanos a todos en el centro de tu Sagrado Corazón!

Publicado por Fernando Morote y María Rodríguez, Cat. Prebautismal, 4 hijo el 14 de Abril, 2007, 11:05 | Referencias (0)

 

 

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